Autor: Marco Vásquez
¿Te has puesto en el lugar de las personas mayores que día a día circulan por nuestras ciudades? ¿Te has imaginado la problemática que se les presenta cada vez que deben cruzar una calle, avenida o simplemente salir a comprar pan? ¿Has observado que, en los barrios antiguos de la ciudad, los tiempos de los semáforos no son los adecuados para la circulación de personas mayores? Te invito a adentrarnos en una ciudad amigable con las personas mayores.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha desarrollado un framework (marco de trabajo) para ciudades amigables con las personas mayores, basado en 8 dominios fundamentales: espacio al aire libre y edificios, transporte, vivienda, participación social, respeto e inclusión social, participación cívica y empleo, comunicación e información y servicios de apoyo y salud.
En base a lo anterior se han desplegado un número significativo de políticas públicas que ha resultado exitosas, como el caso de los superblocks de Barcelona. La súper manzana (o «superblock» en inglés) es un concepto urbanístico que busca transformar la distribución del espacio público, priorizando a los peatones y ciclistas sobre los vehículos motorizados, y creando espacios más amigables y saludables para las comunidades. En esencia, se trata de agrupar varias manzanas de la ciudad y restringir el tráfico vehicular a las calles exteriores, dejando las interiores para peatones, ciclistas y áreas verdes.
Creo que es necesario tomar asiento y observar la ciudad con ojos de personas mayores. Acá los espacios públicos deberían jugar un rol principal. Modificaciones como aceras más anchas con superficie antideslizante, rampas de acceso en todos los cruces peatonales, señalización táctil y auditiva en los cruces, y mobiliarios urbanos ergonométricos con respaldo y apoyabrazos podrían ser unas alternativas.
Los espacios verdes deberían ser más adaptativos para las personas mayores de la ciudad. Se deberían incluir parques con circuitos de ejercicios para personas mayores, áreas de descanso cada 100-150 metros de recorrido, baños públicos accesibles con barra de apoyo y zonas de sombra y refugio climático.
No dejemos de lado el rol del tránsito en esta inclusión. Es necesario aumentar los tiempos de cruce en semáforos peatonales. Esto deberá ser abordado con mayor rigurosidad en barrios y sectores antiguos de la ciudad. En las avenidas anchas será necesario incorporar islas de refugio y por último una campaña de concientización a la comunidad sobre el respeto a las personas mayores en su desplazamiento por las veredas, cruces de calles, semáforos y avenidas.
Nuevamente me la juego por el envejecimiento activo que implique oportunidades de bienestar físico, social y metal a lo largo de la vida de una persona. Ya nos lo advertía Aristóteles cuando nos indicaba que “en el movimiento está la vida y en la actividad reside la felicidad”. Aportemos ciudades más amigables con las personas mayores.
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